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sábado, 8 de noviembre de 2014

La fuerza del escenario por defecto


La fuerza del escenario por defecto
Es curioso encontrar cómo la condición humana es indiferente entre sociedades, culturas, países, entre otros. Uno de los más recientes estudios que he leído, muestra el efecto positivo que sobre el ahorro en Dinamarca tuvo un proyecto de débito automático implementado como un caso de análisis. Para ponerlo en contexto, Dinamarca provee algunos beneficios tributarios al ahorro, más sin embargo el grupo de investigadores encontraba que la dinámica no era como se pudiera esperar bajo esos términos.

La intervención sobre el grupo de estudio consistió en hacer una transferencia automática a un fondo constituido con una finalidad específica. Los resultados no pudieron ser más alentadores: el ahorro tuvo un incremento sustancial, y la conclusión lógica del estudio es algo que todos suponemos pero que con algo de rigor científico queda demostrado: el escenario default (el escenario que toca por defecto) es el que mejor trabaja para el humano promedio.

¿Qué quiere decir esto? Básicamente que a una persona promedio le da pereza ir y ahorrar por su cuenta. Pero si el default es debitar automáticamente hacia un fondo, los resultados son totalmente contrarios. Esto se ha comprobado en muchos otros casos, algunos de los más famosos tienen que ver con las cuentas 401k en Estados Unidos —las personas generalmente se quedan en el perfil de riesgo de la cuenta que les asignaron por default— o con casos como la diferencia entre países en la donación de órganos: en países donde es alta la proporción de personas que donan, el default es que todos son donantes; mientras en países donde el porcentaje es bajo,  el default es no donar.

Está comprobado, hasta la saciedad, que al humano promedio le da mucha pereza ir y cambiar el default, razón a la cual las intervenciones de política pública más exitosas a nivel internacional han estado asociadas a cambios de lo que le llega a las personas por default.

Encima a esto, si se ponen algunas restricciones al cambio del escenario básico, se logran intervenciones muy potentes. Porque más allá de las quejas que siempre vendrán de algunas partes, cuando la política está bien establecida y existen ganancias de la sociedad como un todo, los individuos tienden a aceptarla sin reparos en el mediano plazo. El caso de estudio del ahorro en Dinamarca muestra lo positivo de cambiar escenarios básicos y cómo puede contribuir al bienestar común (en un país que sus índices de bienestar ya son, de por sí, amplios).

sábado, 25 de octubre de 2014

¿Por qué no navego en un yate en Bahamas?


¿Por qué no navego en un yate en Bahamas?

En mis reuniones con inversionistas, una de mis máximas es: “si supiera con exactitud para dónde va el precio de algún activo, no estaría aquí, probablemente estaría tomando el sol en un yate en las Bahamas”. Digo esto porque muchas veces los agentes del mercado financiero tratan de establecer un portafolio o de hacer un rebalanceo con base en lo que retornará un activo. Grave error. Lo que sucede con esta “técnica”, es que probablemente la próxima vez que vaya donde el cliente, tenga que dedicar un gran tiempo de la reunión a explicar la razón por la cual esa perspectiva que usted había trazado, no se cumplió.

Así, aflorarán excusas de todo tipo: que la FED dijo, que la FED no dijo, que China creció, que China no creció, que la inflación, que la deflación, etc. Si bien los estudios rigurosos y juiciosos de las áreas de Análisis de las entidades financieras nos dan un buen punto de referencia, finalmente los retornos de los activos son aleatorios y no los controla nadie. Ante esta realidad, es que la construcción de portafolios, basada en una diversificación efectiva, es clave cuando se quiere obtener lo mejor de lo mejor.

Tener diversificación por activo, moneda, región, es un factor fundamental para el éxito de cualquier estrategia.  Desde hace algunos meses parte importante de la diversificación pasaba por tener dólares dentro el portafolio de inversión. La razón ya la he expuesto pero bien vale la pena repetirla: en América Latina los mercados financieros tienden a tener tres activos con mucha liquidez, como son acciones, bonos y monedas. Generalmente, dos de ellos se mueven en una misma tendencia, mientras que el otro reacciona de manera contraria.  Al tener presente estos movimientos, se entiende que tener los tres activos, combinados correctamente, se equilibran fuerzas y se logra un resultado muy estable.

Esto no garantiza que el portafolio sea el “activo” más rentable que se encuentre. Pero sí garantiza que no será el de menor rendimiento. Esto es importante, pues los inversionistas sufren con mayor rigor el sufrimiento de una pérdida que la alegría de una ganancia. Por eso, es tan importante garantizar que el portafolio, a pesar de múltiples turbulencias, tenga un retorno comparativamente mejor que muchos activos individualmente.

Personalmente tengo elementos de juicio (los he tenido desde el año pasado pero ahora se hacen evidentes) para pensar que el dólar se va a revaluar, como lo ha hecho hasta ahora.  Pero puede suceder que esta expectativa no pase por razones que al día de hoy pueden no ser evidentes. Porque recuerde, el que le diga que sabe con exactitud en donde va a terminar un activo, probablemente no estaría hablando con usted, estaría navegando en las Bahamas.

domingo, 19 de octubre de 2014

Puntos de decisión y finanzas personales

Puntos de decisión y finanzas

Un tema que me ha interesado desde hace algún tiempo es lo que llevaría a las personas a manejar de mejor forma sus finanzas. Entendido esto como lo que motivaría a las personas a ahorrar en vez de consumir el día de hoy. Aquí se pueden tener muchas ideas, desde la teoría financiera pura, en la cual el ser humano totalmente racional decide ahorrar cuando, al hacer el cálculo entre el valor presente (consumo) y valor futuro (recursos invertidos que generan un interés en el tiempo) encuentra que es mejor tener unos pesos dentro de algún tiempo a ahorrar el día de hoy. Si el beneficio actual es mayor que el valor futuro, sencillamente consume.



¿Cuántos de ustedes, cuando se paran frente a una buena promoción o al vestido que, aún sin promoción, quieren comprar; se han puesto a pensar: cuál es la función de utilidad que me genera guardar los recursos en vez de gastármelos el día de hoy? Esta pregunta, que es la base de mucha teoría económica, sin temor a equivocarme, no pasa por la cabeza de nadie. Mucho menos la ecuación que tiene implícita, y menos aún los cálculos necesarios para llegar al número que me permita decidir si comprar o no comprar.



Bien, siendo esto así es necesario buscar otras soluciones. Entonces vamos por la parte emotiva. Muchos pueden pensar que el ser humano compra por impulso, lo cual en la mayoría de los casos es cierto, o por necesidad, lo cual también es cierto. ¿Pero, cuál es el punto óptimo en el cual se debe parar de comprar?



Esto no nos lo resuelve la teoría tradicional, quizá nos lo resuelva la sicología. Darle al individuo puntos de decisión donde se pregunte si seguir o no seguir, es una buena estrategia. Uno de los ejemplos que más simplificación me ha enseñado sobre esto es el de las palomitas de maíz en el cine: si le dan un tarro gigante de palomitas de maíz, así usted sepa que comérselas todas no es bueno ni saludable, es muy probable que termine vacío. Si ese mismo tarro se lo dividen en partes, es muy probable que cada vez que termine uno de los paquetes pequeños, se pregunte si vale la pena seguir comiéndose el siguiente. La respuesta, en la mayoría de los casos, será que no.



Eso es lo que se llama puntos de decisión. Es decir, donde el individuo tiene que tomar decisiones de seguir o parar.  En finanzas y, especialmente en ahorro, los puntos de decisión pueden venir dados por la división de recursos entre diferentes tipos de productos de inversión o cuentas bancarias. Al igual que en el ejemplo de las palomitas, si usted tiene todo en una sola bolsa (cuenta), puede suceder que la misma termine vacía. Pero si usted tiene una cuenta, un fondo de inversión colectiva y otro producto financiero, es bastante probable que si una de ellas termina vacía, piense antes de vaciar la segunda y tercera. Al igual que no se come las palomitas cuando están divididas, no se gasta todos los ahorros cuando los mismis established divididos.

domingo, 7 de septiembre de 2014

¿Por qué la burbuja residencial sí puede ser posible?


¿Por qué la burbuja residencial sí puede ser posible?

En Colombia existe una creencia según la cual el precio de los bienes inmuebles residenciales nunca baja. Esto, dentro del imaginario común, lleva a la falsa creencia de seguridad respecto a la inversión residencial, pues no se concibe en la mayoría de los casos caídas del orden del 10% o 20% en el precio de una casa de habitación, apartamento, etc.

Ese imaginario, surgido de la experiencia de generaciones anteriores que invertían principalmente en inmuebles, se ha transmitido hasta nuestros días, permitiendo que los precios residenciales suban y suban sin control aparente. Pero nos enfrentamos a un pequeño detalle: la forma en que se ha dado el incremento de precios en los últimos años, pudo haber cambiado el ciclo de la vivienda, convirtiéndola mas en un activo financiero que en un bien propiamente inmobiliario.

Esta es la segunda parte de mi teoría sobre la burbuja residencial. Explico un poco: en generaciones anteriores la vivienda era, precisamente eso, una vivienda, por lo cual la compra de un bien inmueble se asociaba con el “nunca cae de precio”. Era lógico, pues al comprar vivienda para destinarla a vivir, los precios se mantenían. Pero  al darse la dinámica como la actual, en la cual muchas personas toman los inmuebles en sustitución de un activo financiero, las cosas cambian (y deben cambiar). Esto convierte a los inmuebles residenciales en activos de compra, venta y especulación, y esto debe llevarlos a que, como en el caso de los bonos, las acciones o las monedas, tengan ciclos de subida, ciclos de bajadas, gente comprando por codicia y vendiendo por miedo. No puede ser de otra forma, no debería serlo.

Esto llevará a dos grupos altamente diferenciados: los que tienen su vivienda para vivir, que por definición es una inversión de largo plazo, y donde no importa mucho la fluctuación en precio (para cambiar de vivienda, se esperará el momento correcto); y los que tienen una vivienda (o mas) como un activo puro financiero de inversión, a los que sí afectará el tema de la fluctuación de los precios y serán los que salen corriendo a comprar o a vender.

Ese cambio en la característica del activo va a tener consecuencias en el imaginario que hasta ahora ha tenido el sector residencial en Colombia. Me la juego con esta mi teoría (segunda parte), que ojalá alguien comparta.   

Mi teoría de las burbujas residenciales


Mi teoría de las burbujas residenciales

Mucho se ha discutido sobre una posible burbuja en el sector inmobiliario (residencial) en Colombia, especialmente por el aumento que se ha venido registrando en precios, en algunas ciudades y en algunos estratos. Lo cierto es que no existe una métrica única de la formación de la burbuja, por lo cual cualquier teoría sobre este particular corre el riesgo de estar errada o de ser cierta. Tengo la mía propia, la cual quiero compartir con ustedes.

Debo decir que no tengo una evidencia científica que me sustente la teoría, y la baso más en la observación empírica. Cada vez son más frecuentes los avisos de se arrienda o se vende en apartamentos a lo largo de muchas ciudades. Eso de por sí solo no es una burbuja, pero sí muestra síntomas que, dentro de mi teoría, pueden ser inquietantes.

Mi teoría se basa en que una burbuja se conforma cuando, llegado un punto, los costos fijos llevan a que seguir con el aviso de “Se Arrienda” o “Se Vende”, se vuelve insostenible. Explico: muchos compradores adquieren un inmueble con dos esperanzas conjuntas, la primera, una valorización en el precio, y la segunda, que el canon de arrendamiento amortigüe la cuota mensual del crédito incurrido para adquirirlo.

Si llegado un punto el inmueble no se arrienda, quizá prefiera venderlo. Porque la cuota del crédito sigue su marcha al igual que costos fijos como cuota de administración, impuestos y seguros. Mientras la capacidad económica se lo permita, el propietario pondrá de su propio bolsillo esos gastos, pero en el punto en que cuota más costos se vuelvan insostenibles, el dueño querrá vender el inmueble, con una ganancia, claro está.

Pero si la venta tampoco es fácil, y el taxímetro de cuota y crédito sigue corriendo, el propietario empezará a “sacrificar” parte de la ganancia por valorización con el fin de vender más rápido el inmueble. Con un detalle: vender en el mercado secundario es complejo, porque todos los que esperan la valorización prefieren comprar sobre planos, por lo que en este nivel la venta es más difícil aún.

Así creería que se forma la burbuja en el justo momento en que alguna parte de esta cadena, que se basa en pura teoría de juegos del mayor estilo Nash, se rompe. Y se rompe porque alguna parte no aguanta: así, si mi vecino empieza a bajar el precio de su inmueble para poder venderlo más rápido, empieza una espiral decreciente, pues si yo también debo salir a vender, con el fin de que alguien compre mi inmueble y no el de mi vecino, yo bajaré el precio aún más de lo que ya lo ha hecho él.

Esto se presenta cuando, repito, los costos de mantener un inmueble se vuelven en una carga para el propietario. Y ahí, justo en ese momento, cuando el efecto se multiplica por cientos o por miles, es que ha explotado la burbuja. Momento que es doloroso, pues básicamente no hubo tiempo previo para evitarla, pues como empecé diciendo, no existe una métrica única para saber cuando hay burbuja. Entonces, lo que suele suceder, es que explota en el mismo instante que se formó. Y eso es un evento que, como la astronomía lo ha mostrado, tiene una descarga de energía muy alta.

Es mi teoría, y quizá alguno la comparta. 

Evaluando correctamente una inversión


Evaluando correctamente una inversión

Uno de los temas que han estudiado los analistas financieros es la forma en que las personas tienden a evaluar el resultado de sus inversiones. Lo que se ha encontrado es que la gran mayoría mira los retornos de dos o tres años, y en base a esto se dan una idea de lo que puede ser el desempeño futuro de algún activo particular, lo cual también ha sido plenamente demostrado, lleva a decisiones erróneas sobre la composición de un portafolio de inversión.

Lo que sucede, realmente, es que dos años son un período muy corto y poco significativo de lo que es el desempeño de un activo de inversión particular. Se conoce plenamente que el desempeño de los activos está atado a ciclos, bien sea económico, financiero o incluso ciclos políticos. Como es apenas natural pensar, un período de dos años es muy corto para definir un ciclo, y observar el retorno del activo en períodos así no permite observar qué hace el activo en diferentes momentos, tanto los buenos como los malos. Los especialistas recomiendan mirar períodos mínimos de 10 años, lo cual puede generar una mejor idea de lo que se puede esperar sobre el comportamiento futuro de un activo.

Esta teoría también aplica a otro tipo de instrumentos financieros como fondos de inversión, entre muchas cosas. Un fondo de inversión o una casa de inversión, por muy buena que sea, tiene momentos en los cuales las cosas “no salen como están planeadas” (palabras de futbolista al finalizar el partido perdido), lo cual puede ser un período de un año, dos años, etc. A veces los fondos cambian de administrador, por citar un caso, en el cual hay un período de ajuste que muchas veces conlleva una caída relativa momentánea.

El inversionista que se deja llevar por los resultados de muy corto período de tiempo, puede estar perdiendo la perspectiva de algo que en inversiones se considera muy importante: la consistencia; que no es otra cosa que el administrador del fondo haga lo que se comprometió a hacer. Esto es, si el fondo dice que su objetivo es invertir en acciones de baja capitalización en USA, que realmente invierta en ese activo, así en algunos momentos del tiempo ese activo no tenga buenos resultados. Recuerde que el inversionista no compra la rentabilidad pasada, compra es un activo específico para construir un portafolio diversificado.

Así las cosas, la correcta evaluación de las inversiones es otro de los temas fundamentales en el que los analistas hacen énfasis para construir inversiones ganadoras en el largo plazo. Tener presente esto, garantiza que se escojan los activos con los que realmente un inversionistas e siente cómodo y puede evaluar cómo funcionan dentro de su portafolio particular.

Tomando un riesgo innecesario


Tomando un riesgo innecesario
Suele suceder que los inversionistas tienden a invertir en empresas, sectores o negocios que creen conocer muy bien. Esto lleva, por ejemplo, a que empleados de compañías petroleras inviertan en petróleo o en acciones de otras empresas similares o, peor aún, en acciones de su propia empresa; pues creen tener un conocimiento mucho mayor que el resto de los mortales y que pueden reaccionar mucho más rápido (casi que inmediatamente) frente a alguna información adversa que pueda suceder. Grave error y una equivocación garrafal.

Tomemos el caso de Enron, que es una historia muy conocida: sus propios empleados, “conocedores” de la compañía, del sector y del mercado, invirtieron sus fondos pensionales en acciones de la propia empresa. El desenlace, ya es ampliamente conocido: perdieron su trabajo, perdieron sus ingresos, perdieron sus pensiones.

En la investigación de los mercados financieros hay una cosa que es clave: el mayor riesgo que usted puede tener, es cuando invierte en algo similar a lo que a usted le está generando sus ingresos. Tomemos el caso del petróleo: si por alguna razón el petróleo bajara a 5 dólares por barril, usted probablemente verá ampliamente comprometido su puesto de trabajo y, con seguridad, observará una disminución en su portafolio de inversión.

Sin embargo, lo anterior sucede por un tema específico ampliamente estudiado por la sicología: usted empieza a tomar una confianza que, muchas veces, no se da cuenta de que está empezando a hacer mella en su capacidad de razonamiento. Un ejemplo clásico es el de los accidentes de motociclistas, pues las cifras han demostrado que la mayoría de los accidentes no le ocurren a los que apenas comenzaron a montar en motocicleta, sino que les ocurren a los motociclistas más experimentados. La razón es que la confianza que han ganado los lleva a cometer maniobras más audaces, que terminan en el accidente.

Por eso la recomendación que generalmente se le brinda a los inversionistas que creen que conocen a profundidad el sector o la empresa, y que creen contar con información mayor a la de cualquier otro inversionista que no está en su sector, es que diversifiquen en la medida de las posibilidades  en acciones que no tengan nada que ver con lo que usted conoce. Esta es la verdadera forma de evitar perder todo al mismo tiempo.