Soluciones presentes, afectaciones futuras
Uno de los temas de moda en
Colombia es la reforma tributaria. No es para menos, luego de la caída de las
rentas petroleras, y un inflexible gasto del gobierno, el Estado busca recursos
para cubrir los faltantes que tiene. La forma más fácil, lógicamente, es
recaudar mayores impuestos, que es la forma clásica como se financia la
operación estatal, que no es de nadie y es de todos al mismo tiempo.
Esta reforma, sin embargo, tiene una
carga impositiva fuerte para las personas naturales, que sentirán un rigor muy
fuerte de manera inmediata, y que puede afectar temas futuros que no son
evidentes al día de hoy, pues disminuye la capacidad de ahorro de una inmensa
población. En un mundo en el cual cada vez se menciona la necesidad de ahorrar
para complementar pensiones en la edad de jubilación, teniendo en cuenta que la
expectativa de vida viene en aumento significativo, puede ser contraproducente
desincentivar el ahorro presente de las personas (especialmente el de largo
plazo que debe ir a complementar pensiones), pues su afectación se verá en el
futuro, creando así, de pronto, un problema gigante del que no nos damos cuenta
hoy, pero que impactará el ejercicio financiero a 40 o 50 años. Momento en el
cual, por cierto, nadie tiene la capacidad de revertir una situación financiera
adversa (pues la probabilidad de producir ingresos nuevos a los 80 o 90 años de
edad, es muy limitada en la mayoría de personas).
La situación es muy sencilla: los
incrementos impositivos disminuyen la capacidad de las personas para ahorrar,
porque, sencillamente, se debe destinar más recursos al pago de impuestos, sean
de manera directa (porque aumenta el impuesto de renta) o de manera indirecta
(porque aumenta el precio de algunos productos por un mayor cobro de IVA).
Pero, de otra parte, si no existen los suficiente incentivos al ahorro, el
efecto es aún más marcado. Las evidencias desde los estudios de la sicología
del inversionista han mostrado que ante un incremento en los impuestos, el
ahorro se contrae de forma sustancial, pues pesa más el presente que la
perspectiva de futuro en la cabeza de cualquier contribuyente.
Es decir, la gente hoy dimensiona
que debe pagar más impuestos, por lo cual entra en una gran sensación de
pobreza, disminuyendo el ahorro. Como muy pocas personas pueden visualizar su
vida dentro de 30 años o mas en el futuro, sencillamente no ahorran pensando en
que, durante la vejez sus ingresos van a ser menores, de que van a vivir mas,
de que deben fondear unos gastos de salud creciente, por citar solo algunos
temas relevantes.
Y si adicional a esto no se
generan mecanismos efectivos y motivantes para que la gente ahorre, la
situación puede ser muy complicada. En Colombia el problema de una población
envejecida sin una base financiera fuerte no es tan evidente aún, pero ya que
las cifras que comparan la tributación
de Colombia vs los países de la OCDE
están en el orden del día, también deberíamos tener en cuenta algunos datos que
nos vienen de un país como Estados Unidos en el cual las autoridades andan muy
preocupadas porque el ahorro que tiene una persona promedio próxima a
pensionarse es de cerca de 10.000 dólares, es decir, una desfinanciación a gran
escala que no le va a permitir afrontar de buena manera su etapa de jubilación.
Por eso es importante hacer el
ejercicio total, y ver si la solución inmediata a un problema particular, no
genera una afectación futura a gran escala, como la que hoy enfrentan los baby boomers en USA y que tiene al
gobierno pensando en cómo hacer para proveer una vejez digna a estas personas.
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